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El Déficit


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El Déficit

Cuando en economía se habla de déficit, suele hacer referencia al déficit público o fiscal. Existen también déficits comerciales (la diferencia entre exportaciones e importaciones), pero normalmente este término va asociado a la diferencia entre los ingresos y los gastos del Estado. Así pues, un país tendrá déficit si ha gastado más de lo que ha ingresado. El déficit se mide en términos del producto interior bruto, es decir, cuánto representa en relación a la riqueza generada.
Sobre el valor de los déficits existe una controversia centenaria. Para los economistas clásicos y liberales, el único buen presupuesto es el presupuesto equilibrado: aquel en el que se gasta justo lo que se ingresa. Para los economistas keynesianos, un poco de déficit es positivo porque aumenta la actividad, estimula la demanda y favorece el pleno empleo. El déficit se controla a través de los presupuestos, de la política fiscal, que configura los impuestos y decide en qué se gasta el dinero público.
Si un gobierno gasta más de lo que ingresa, al igual que en el caso de un particular, tiene que pedir un préstamo. Y lo hace a través de la emisión de deuda pública: obtiene dinero a cambio de devolverlo en una fecha futura. La deuda pública está, por tanto, muy relacionada con los déficits: aumentará en la misma cuantía que éste. La principal consecuencia de un elevado nivel de deuda pública es que desplaza la riqueza que genera el país. La población y las empresas terminarán acumulando bonos del Estado en lugar de invertir ese dinero en actividades que generen empleo y crecimiento económico. Además, parte de la recaudación por impuestos tiene que destinarse al pago de los intereses generados por la deuda, en lugar de a otro tipo de servicios más demandados o necesitados por la población.
Los economistas suelen distinguir dos tipos de déficits: el estructural y el cíclico. El primero surge como consecuencia de políticas discrecionales, como, por ejemplo, un mayor gasto o una rebaja de impuestos. El cíclico está asociado a variaciones transitorias de la economía: por ejemplo, una menor recaudación producto de una recesión mundial.